De las cartas de amor

Se me ocurre que, desde que aparecieron las tecnologías actuales, las cartas de amor, y más en general el género epistolar al completo, está muy en desuso. Día a día, descienden en todo el mundo la cantidad de cartas que se envían, aunque, curiosamente, no pasa esto mismo con el total de cartas enviadas y recibidas, que crece sin control, pero en este caso es debido al vertiginoso aumento de cartas con intenciones publicitarias. Como entusiasta defensor del género epistolar que soy desde joven, este hecho me da más lástima de lo que podáis figuraros. Por eso me he decidido a dar un un empujón las cartas y procurar que reaparezca, siquiera mínimamente, la afición por este tipo de tipo de escritura.
Comencemos pues por señalar un par de los beneficios de las cartas de amor, y de las cartas en general, en comparación con las diversas formas de comunicación a nuestro alcance actualmente. Si las comparamos con la comunicación digital , ya sea a través de mensajes o el GTalk, está claro que existe una diferencia insoslayable entre las cartas de amor y dicho tipo de comunicación, o sea, la espera. No hay comparación posible entre esperar días a la llegada de la dichosa carta que tener la posibilidad de establecer una comunicación de manera instantánea con nuestro amado o amada o con queramos. No pretendo decir con esto que sea mejor lo primero que lo segundo ya que estas comparaciones carecen por entero de objeto, pero la verdad es que no existe nada que pueda compararse a la intensa emoción que se experimenta al recibir una carta tras esperarla durante días enteros.
Otra de las diferencias de las cartas de amor es el matiz privado y misterioso que las rodea. No importa realmente en exceso si la carta ha sido escrita a mano o a ordenador, en tanto en cuanto siempre guardará ese aire cercano, familiar e incomparable, que le aporta la redacción del género , con sus finos modales y su presencia estándar. Siendo honestos, me veo en la obligación de señalar que se me ocurren pocas cosas tan personales e ilustrativas como la escritura clásica de las cartas de amor.
Aun habiendo muchos otros elementos que valdría la pena resaltar como características propias y virtudes de las epístolas, seguiremos con nuestra defensa de las cartas de amor para otro momento.



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